
Por Fernando Najar Freyre
SI FUERAN COMO LOS JÓVENES ÁRABES…
Me invitan para una conversa en el programa televisivo “La Falange” (Canal 49) que conduce el “sin-pelos-en-la-lengua”, Kike Queija, junto con un francotirador nato como Aurelio Tang. La “Falange” no es un programa circunspecto, sino que se desarrolla en un dialogo ameno sobre diversos temas de actualidad; solo falta la cafeína para que sea una charla de café televisada. La plática se deslizaba por alcaldes ladrones, autoridades cocainómanas, funcionarios sinvergüenzas, pobres diablos metidos en el poder y la administración pública, la amazonia federal, la desalinización del mar de Piura; en algún instante cruzamos Brasil, el océano Atlántico hasta llegar al Medio Oriente con las revoluciones árabes.

Las revoluciones árabes de estos días que van derrocando a los sátrapas musulmanes no están lideradas por dirigentes políticos, gremiales ni religiosas. Son los jóvenes que van entre los veinte y treinta años de edad, el 70 % de la población árabe que se ha cansado de vivir en la pobreza, sin futuro, sin poder hablar, estudiar, pensar, cantar, trabajar, amar, jugar. Son los que se han enervado de ver tanta corrupción de una minoría que por décadas les entretuvo con la fábula bélica de ““echar al mar a los judíos”.
Lo cierto es que los jóvenes han realizado sus convocatorias y manifestaciones a través de los blog, la telefonía móvil, Messenger, Facebook y Twiter. El Internet y la globalización prácticamente son hasta el momento los únicos instrumentos letales contra los tiranos árabes que mantuvieron en la ignorancia y en el hambre a sus ciudadanos para que no reaccionaran, fanatizándoles con dogmas religiosos medioevales.
La crisis de los jóvenes loretanos es tan igual como de sus pares del mundo árabes. Según las investigaciones del economista Roger Grandez Ríos, la realidad socioeconómica de los jóvenes loretanos es tan deprimente que cada año por lo menos unos 5,000 mil se quedan sin la opción de trabajar o estudiar. Loreto tiene cerca de un millón de habitantes, el 60 % son jóvenes entre 14 y 34 años de edad; el 30 % trabaja con cierta estabilidad, otro 30 % labora bajo una explotación descarada en las mismas narices de la Dirección Regional de Trabajo; el 28 % se encuentra en la pobreza total, el 28 % arrastra desnutrición crónica, el 1.7 % son analfabetos, el 40 % vive en una vivienda inadecuada, cerca del 15 % mora en una casa sin servicio eléctrico o carece de servicios higiénicos, no todos tienen acceso al servicio médico. Muchos de ellos alguna vez pensaron en suicidarse.
En cierto momento de la tertulia televisiva de la “Falange” nos preguntamos ¿Sí los jóvenes loretanos reaccionaran como los del Medio Oriente? La interrogante queda en el aire.
DESCUBRIENDO UNA FALACIA
Es la nueve de la noche del sábado 12 de febrero del 2011 y formo parte de un minúsculo grupo de ciudadanos que se arremolina en el espacio libre donde se erigía el antiguo palacio municipal. Frente a nosotros, en 130 decibeles, está el grupo musical “Trance”, con su cantante de brazaletes negro- jean apretado y camisa minúscula- que continuamente da la espalda al público para que le observen sus flácidos glúteos, mientras se despabila cantando en rock pesado el “ tacacho huira huira y café ñuco ñuco” del desaparecido Eliseo Reátegui, todo una novedad.
El viento nocturno de la noche mueve incesantemente un gran banderola verde en la está inscrita con letras amarillas una falacia que nadie recuerda ni celebra porqué Orellana solamente fue el primer español que navegó el Amazonas peruano. El estrado con sus luces de varios colores y la banderola ocultan la ignorancia de Shaluco Abensur, el más inculto de todos los alcaldes de Iquitos
La gente que sigue la programación del acontecimiento, no está por Trance ni por las danzas Boras, peor por el recitador de un “rayo que cayó sobre un palo de rosa” sino por una serie de premios que sortea la Dirección Regional de Turismo. El público presente tal vez ni sabe qué se “celebra”.
Es un pobre espectáculo. Más gente hay en la Plaza Armas que ofrece un panorama trivial. Ya no es aquella de otros tiempos. Hoy es un reducto sucio, invadida por ambulantes, tiene la fealdad de un mercadillo informal donde se vende todo, incluso comida. Si eso es turístico, entonces hay razones para creer del nivel de ignorancia de quienes organizan una votación maratónico para que el Río Amazonas sea considerado una maravilla natural del universo.
Estoy en la Plaza de Armas porque pensé encontrar una actividad como la que se organizó en el Cuzco para que Machu Picchu sea considerada como una de las maravillas del mundo. Allá fue una extraordinaria cruzada de todo los cuzqueños; lo que hay en la Plaza de Armas de Iquitos es una caricatura, un espectáculo tristón amenizado con un show estudiantil.
A todas luces es un montaje para que la gente se olvide de los 14 muertos y los 10 mil infectados por el Dengue, que no es un tema de poca cosa, sino un gran escándalo que algunos atorrantes regionales intentan ocultar con disparates
